Agresividad intraespecífica
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Por Alicia Fernández Foruny
En estado natural, no es usual que un combate entre congéneres, incluidos los cánidos, llegue a la muerte del adversario, y para eso existen amplios códigos y repertorios de amenaza cuyo propósito es el de evitar hasta donde sea posible la confrontación directa.
En la jauría natural, cuando los cachorros tienen unos 3 meses de edad, despiertan la atención, hasta entonces más bien distante, de su padre. Sin motivo aparente, éste arremete individual y ligeramente a sus cachorros, en espera de la reacción de cada uno. Si muestran sumisión, son dejados en paz. Si responden el ataque, vuelven a ser castigados. Aquel que persista en el empeño de lucha con el superior, su padre, es a la larga eliminado.
De esta manera se realiza algo así como un temprano control de calidad contra la agresividad extrema, ya que es probable que los cachorros excesivamente reaccionarios al castigo parental sean, si llegan a adultos, excesivamente conflictivos en detrimento de la jerarquizada estructura social de la mayoría de los cánidos, que es una de las condiciones para la supervivencia del grupo.
Este obstáculo, o eliminarlo cuando ya es un ejemplar dotado para el combate, puede resultar muy peligroso para toda la jauría. Por eso el sacrificio es menos costoso si se hace sobre el cachorro, más aún si recordamos que los perros no cargan con restricciones morales al respecto. Todo el proceso significa una normalización natural de la conducta agresiva inter específica, en la que se obtienen sujetos convenientemente modulados, y se descartan caracteres genéticos desproporcionadamente combativos (si el cachorro sacrificado los tenía, no llegó a la edad adulta para reproducirlos).
En los perros domésticos ese proceso no se da. Desde nuestra visión humana es antipático, anti comercial y antisocial sacrificar un cachorro porque presenta más agresividad que los demás. Así que pueden criarse sujetos inestables (mordedores recurrentes, violadores de los códigos de amenaza previa al ataque, y más), y que su herencia genética se reproduzca (de hecho es lo que buscan algunos criadores de razas de guardia y pelea).
En ellos, inidentificables por su apariencia, la balanza lucha-escape se inclina poderosamente hacia la lucha, y tienden a sobre-reaccionar ante cualquier evento que los amenace a ellos o a sus necesidades básicas. En su carácter de débiles de modulación, se disparan más fácilmente, con más intensidad y con mayor dificultad de desactivación.
Es más difícil para ellos aprender de la experiencia: tenderán a olvidar el castigo recibido por ataques anteriores, estando por eso, más propensos a repetirlos.
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